Enseñar historia con una guerra civil por medio

di Anna Scicolone da Madrid

Daniel G. Linacero, Enseñar historia con una guerra civil por medio, Critica Editorial, Barcelona, 1999El trabajo, introducido por el historiador Josep Fontana, enseña al lector dos visiones que se tenían sobre el concepto de Historia – y por conseguente, su forma de ensañarla – en los años treinta de 1900. El medio elegido para alcanzar tal objetivo es la comparación entre dos libros de texto en uso en la escuela primaria que aquí se reunen en un único trabajo: el primero adoptado en la enseñanza de la Historia en los años anteriores a la guerra civil española; el segundo, en uso en las escuelas, después de la victoria franquista sobre el ejército republicano. Está claro que lo que el lector encuentra delante de sus ojos es un cuento condicionado por el peso de los acontecimientos históricos. De hecho, las diferencias – estilísticas como temáticas – parecen evidentes si se confrontan las dos lecturas acerca de la historia. Sin embargo, el sentido de estas diferencias sólo puede comprenderse si se reconducen los dos textos al período histórico, social y político en el que se publicaron.

El primer libro, pensado para la enseñanza en la escuela primaria, muestra una visión de la historia marcada por una impronta “social”. Ya en la introducción “A los maestros”, se percibe la perspectiva adoptada al tiempo por los autores. Y lo que se declara es el intento de alejar de los niños la visión y la interpretación de la Historia como algo que conduce al sacrificio, un sacrificio interpretado como un exceso de trágico heroísmo y que, hasta ahora, ha llevado el niño a tener un falso sentido del valor moral, tanto individual como colectivo. En esta prima parte, la Historia se explica como un conjunto de acontecimientos, transformaciones producidas por los hombres, en particular por los hombres trabajadores, humildes. En general, por aquellos hombres que la Historia suele no mencionar. El objetivo de los autores es el de llegar a un tipo de enseñanza diferente de la Historia, que ponga de relieve el cambio de las cosas y de las ideas, antes que los cambios producidos por la política. Con un estilo sencillo, que bien se conforma con el público de niños al que es dirigido, el libro cuenta la historia del “hombre”, como ser social, que se ha ido formando, poco a poco, dentro de la sociedad, estableciendo uniones con otros hombres y creando relaciones tanto recíprocas como necesarias al desarrollo de cualquier forma de actividad. El cuento de la historia está completado con unos dibujos que reproducen, facilitando la comprensión, cuánto está expresado por las palabras.

Al revés, el segundo texto ofrece al lector una clara ejemplificación de la “política cultural” emprendida por el recién régimen dictatorial. La historia contada por los manuales del 1939 es una historia hecha de personajes y de héroes, de grandes nombres que han desarrollado grandes acciones en nombre de España. Es un cuento de la historia en que la señal y la sombra de la religión es evidente, tanto en el cuento de los acotencimientos como en la manera de transmitir la cultura. Es una historia hecha de hombres que, en el nombre de una causa, se han transformados en “mártires” y han actuado según el espíritu del sacrificio.

Lo que emerge en este tipo de cuento, es la historia de un país que siempre ha luchado para defenderse de la opresión de un enemigo, identificado más de una vez como “peligroso y salvaje”, que ha intentado apoderarse de una tierra que no le pertenecía, a veces lográndolo, a veces no. Y cuando ésto ha ocurrido, es porque los hombres intrépidos han sido capaz de defender su patria de la invasión del enemigo.

Sin embargo, la explicación de esta visión de la historia tiene su fundamento en la política cultural llevada a la práctica por el Régimen a lo largo de los años Cuarenta. El vasto programa político del que se dota el Régimen dedica amplio espacio, sobre todo en los primeros años de la posguerra, al proyecto de educación popular para interaccionar con la sociedad española, intensamente puesta a prueba por el drama de la guerra y de sus consecuencias. El ministro de Educación fue, entre 1939 y 1951, José Ibáñez Martín, un hombre de profundas convicciones tradicionalistas y católicas que siente como una obligación moral la misión educativa que le es confiada. A él corresponde la delicada tarea de ocuparse, en la caótica situación que aflige España de los años Cuarenta, de la orientación educativa y cultural de la población, bajo el impulso ideológico y propagandístico del nuevo Régimen.

En 1939, instituye el CSIC, (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), un instituto que propone la “restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias, destruída en 1700”, imponiendo el mito de la hispanidad como eje de la política cultural nacional. El discurso pronunciado por Ibáñez Martín delante de Franco en ocasión de la inauguración del nuevo instituto de investigación, representa una demostración excepcional de un modo de interpretar la cultura y, encima, su ramificación en la sociedad:

…la ciencia es para nosotros una aspiración hacia Dios. Queremos una ciencia católica, esto es, una ciencia que, por sometida a la razón suprema del Universo, por armonizada con la fe «en la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo», alcance su más pura nota universal….Nuestra ciencia es la Ciencia española de nuestro Imperio…Aquí tenéis, señor, formado en línea, distribuido por las falanges y centurias de sus patronos e institutos, el nuevo ejército de la ciencia española, apercibido ya para la gran batalla de la cultura, ávido de cumplir el programa de la restauración, enrolada en la disciplina del Estado y animado de un espíritu unitario de servicio a la Patria…se agrupan en torno a vuestra egregia figura de Caudillo de España….[1]

Daniel G. Linacero, Enseñar historia con una guerra civil por medio, Critica Editorial, Barcelona, 1999.


 

[1]Véase J. García Jiménez, Radiotelevisión y política cultural en el franquismo, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) 1980, pp. 82-83

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